Estoy harto de historias de amor que terminan bien. La vida no es así generalmente, al menos la mía no. Quiero ver una historia donde las cosas no sean color de rosa, donde los protagonistas sufran, estén puteados y lo pasen mal, tan mal como lo he pasado yo.
Llamadme egoísta, me da igual. Pero necesito saber que no he tenido tanta mala suerte y que esto es algo habitual. Así me sentiré menos desgraciado.
Ya sabéis lo que dicen: Mal de muchos, consuelo de tontos. Porqué yo me siento un tonto. Sólo un tonto es capaz de enamorarse locamente como yo lo he hecho y solo un tonto cae dos y tres, hasta cuatro y mil veces en la misma piedra.
No me gusta y jamás me ha gustado contar como me siento, que es lo que me duele, lo que me hace daño o deja de hacerlo. Supongo que simplemente no me fío de las personas. Más de una vez me han traicionado por lo que no pienso volver a pasar por eso. Es más fácil contarle tus mierdas y como te sientes a un papel en blanco en una pantalla, por qué sabes que ella no te defraudará.
He vuelto a escribir. No es que lo haga bien ni tenga estilo, pero es una cosa que me libera. Es una buena forma de expulsar tus demonios.
Quizás sea la edad, no lo se. ¡Que más da!, pero antes la soledad no pesaba tanto, no era tan dura.
Quizás sean la experiencias vividas, que son como pequeñas minas antipersona. Si, sé que la comparación no es lo más políticamente correcta posible, pero me da igual. Este es mi puto texto y lo redacto como quiera.
Como decía; el amor, las relaciones humanas son como un campo minado. Cuando eres joven, inocente e imprudente y quieres atravesarlo te lanzas sin pensar por que ves el otro extremo tan cercano que piensas que la felicidad es algo realmente sencillo de conseguir. ¿Cómo 20 o 30 metros pueden separarte de conseguir lo que siempre has ansiado?
Y te pones a correr sin pensar, con un único objetivo en tu mente. Una única imagen en tu retina. Hasta que pisas la primera bomba y sientes sus consecuencias. Y te levantas. Te levantas malherido. La jodida mina te ha volado dos dedos del pie. Pero te quedan más y quieres conseguir llegar al otro lado.
Reanudas tu camino, esta vez con más cuidado y más dificultad. Avanzas con un ritmo más pausado y otra bomba vuelve a explotar cerca de ti. Esta vez has estado cerca. No te ha pasado nada, pero si ha volado por los aires el pájaro que se posó en ella y eso te sirve de escarmiento.
Sigues avanzando. Cada vez con más cuidado. Con un palo tanteas el terreno para evitar desagradables sorpresas, pero conforme vas avanzando las bombas van explotando y haciendo mella en tu cuerpo, en tu ánimo, pero no en tu voluntad. “Llegaré aunque sea arrastrándome. Tengo que conseguirlo. Tengo que ser feliz”. ¿No es lo que tod@s se supone que queremos? No lo se, sólo se que esa es la mierda que yo quiero al menos.
Pero, ¿realmente se consigue o se queda uno en el intento?
Cada vez tu chaleco antelabas pesa más. Es incómodo pero debes llevarlo para evitar que te disparen, El caso es que con el peso del mismo, cada vez que pisas una mina el daño es mucho más importante. Y eso, entre otras cosas, te evita ver la belleza en tu misión de cruzar el campo.
La belleza está en todos lados, incluso en un campo minado. Pero tu no puedes verla, no puedes sentirla por que estás obsesionado con llegar al otro lado. Y las cosas que podrían hacerte feliz en ese camino no las ves y pasan desapercibidas. Y normalmente esas cosas no pasan dos veces delante de tus ojos.
¿Que porque escribo esto, por que hago estas comparaciones? Por que he conocido a alguien. No se si está en el otro extremo del campo o es una de esas pequeñas cosas que se te atraviesan cuando estás cruzando el campo.
Se que mi historia no es especial, que esta mierda pasa cada día. Pero es mi historia, es la que yo he vivido y la que conozco. Puedo hablaos de ella. De acuerdo, de otras también. Pero las otras no las he vivido, tan solo he sido un espectador y no sería objetivo. Para eso deberíais preguntarle a los protagonistas.
Aunque esta no es su historia, no la están escribiendo ellos ¿verdad? Y como ya sabéis soy un jodido egoísta.
Esto parecen unas malditas memorias y joder, ¡aún soy joven! ¿No se supone que esta mierda se escribe cuando acaban tus días y haces balance?
No lo se, tan solo se que me apetecía escribirlas, desahogarme. Y solo puedo hacerlo escupiendo mis mierdas en este teclado.
Pero ya estoy divagando de nuevo como dice Juanje. Otra mina, una mina que me hizo plantearme que es la amistad, y si se puede destrozar tan fácilmente una amistad de años y desgraciadamente parece que si.
Me centraré.
La conocí no hace mucho y no de una manera muy común. Por aquel entonces era feliz -Entiéndanme, no es que ahora esté pasando hambre o calamidades, me refería a feliz y estable emocionalmente. No sentía nada por nadie y así estaba bien, no tenía preocupaciones en ese sentido. Y ese tipo de preocupaciones no se por qué pero ocupan bastante tiempo en mi cabeza.- y no le presté mucho caso. Maldita la hora en la que lo hice, en la que empecé a fijarme en ella, a sentirme atraído por ella.
Se que estas cosas te hacen madurar, y yo al menos aprendo de mis errores para evitar cometerlos de nuevo, tanto como te hacen madurar también te hacen cada vez más insensible. Pero… ¿quien coño quiere madurar a base de palos haciéndote más duro?
Yo no quiero ser duro, no consigo nada con eso. Quiero sentir cariño y ofrecerlo, no quiero madurar a base de dejar atrás la inocencia, el entregar amor incondicional y desinteresadamente.
No quiero hacerme una persona dura para madurar. Ese es el problema de este puto planeta. Se supone que para madurar, triunfar debes dejar atrás los sentimientos. Y a mi no me da la gana de hacerlo, aunque inconscientemente lo haya hecho. Lo hagamos todos o casi todos.
Los días pasaron y mi rutina seguía igual y ella cada vez iba entrando más en mi corazón.
Cogió un pico y empezó a picar en una grieta del muro que rodeaba mi corazón. Yo no quería que eso pasara, no quería que las defensas cayeran ante un sólo enemigo y por más que mandaba tropas de refuerzo ella seguía derribando el muro y haciendo la grieta más grande. No desfallecía ante nada. Y la veías ahí con su pico en la mano, infligiendo un daño terrible a mis defensas. Despacito, sin prisa. Ella sabía que lo conseguiría y sabía como hacerlo….
No soy amigo de airear como me siento, pero esta vez era algo que me quemaba por dentro y necesitaba escupirlo, sino todo al menos una parte.
Seguiré con esta historia de una manera más personal. Solos una página en blanco y yo, y quizás así me sienta liberado…